Investigadores de la UNR y el CONICET desarrollaron una técnica para transformar los residuos tóxicos en material inocuo.
El dato es preocupante pero necesario para dimensionar el problema: de los 5,6 billones de cigarrillos que se consumen anualmente en el mundo, cerca de 4,5 billones terminan arrojados en el ambiente. Lo que muchos fumadores consideran un gesto inofensivo —tirar la colilla en la vereda, en la arena de una playa o por la ventanilla del auto— es, en realidad, el inicio de un desastre ecológico silencioso. Cada filtro es una “esponja” diseñada para retener sustancias tóxicas que, al entrar en contacto con el agua, se liberan y contaminan hasta 50 litros por unidad, aniquilando microorganismos y afectando gravemente a los animales acuáticos.
































